Este es el Valle de Guadalupe

Valle de Guadalupe 2012

La vocación del Valle de Guadalupe es una vocación agrícola, no turística.

¿Porqué es importante mantener la esencia agrícola de esta zona?

¿Qué sentiste la primera vez que lo visitaste? Seguramente hubo un «algo» que llamó tu atención y a partir de ese momento tus visitas se tornaron recurrentes.

Si por el contrario, aún no lo has visitado, seguramente has escuchado de el, visto foto de sus paisajes, sus viñedos, sus vinos.

Me gustaría compartirte mi historia y ojalá que a través de ella logre transmitirte un poco de lo que representa para mi.

Como parte de una familia ensenadense, era parte de la tradición familiar los desayunos dominicales en San Antonio de las Minas. Recuerdo que estaba pequeña y yo no lograba entender porque mis papás disfrutaban tanto manejar durante 15 minutos lejos de Ensenada, para ir a desayunar al vivero… lo que si recuerdo es que era un camino lleno de árboles, altos, con unas hojas tan lindas que frecuentemente caían y formaban una especie de tapete. Tengo la viva imagen de mi mamá sentada en una banquita de madera después del desayuno disfrutando de las plantas a su alrededor y el sonido de los pájaros. Mi mamá siempre activa, llena de responsabilidades en su día a día: entre trabajo, hijos y tener todo en orden en casa… tenía un semblante diferente… un estado de relajación que otros días de la semana no lograba ver en su rostro. Por alguna extraña razón al visitar San Antonio de las Minas se logra en ella un efecto relajado ¡que extraño!, ¿no?

Años después, ya un poco más grande en mis tiempos de estudiante de diseño gráfico (hace uuuuh) nos tocó hacer una visita de campo, en pleno agosto junto a mis compañeros de clase de fotografía guiados por el maestro Tomás Castelazo, visitamos un viñedo para intentar captar con nuestros lentes el momento de la cosecha. (En Baja California la vendimia se lleva a cabo en los meses de agosto y septiembre). Quedé impresionada con la velocidad que esas manos trabajadoras cortaban la uva ¡wow! y por más que me esforzaba en enfocar y captar con mi cámara el momento perfecto, al presionar el botón se me iba (mis fotos fueron un fracaso jeje) pero lo que quedó grabado en mi mente fue algo inspirador que aún mantengo registrado. Semanas después, de mi fallido intento por captar en foto el momento de la cosecha, se hizo una presentación con las fotografías que si fueron rescatables de mis compañeros jeje.

Yo estaba un poquito triste de no haber logrado al menos una fotografía digna de mostrarle a mi papá (el como aficionado a la fotografía lograba captar unos atardeceres, el mar y rosas hermosas).

La exposición de fotos se hizo en la cava subterránea de una de las vinícolas más antiguas de Baja California, ¡era un lugar hermoso e impresionante para mi! Creo que nunca antes había estado en una cava subterránea lo cual fue impresionante. Aún recuerdo los colores, las texturas de este espacio y el olor a humedad. Fue aquí donde descubrí la belleza de este lugar, y donde quise entender o tratar de entender todo el trabajo que había detrás de una botella de vino.

Los meses transcurrieron y «los viñedos» como los llamaba en ese entonces, llamaban cada vez más mi atención y generaban en mi cierta curiosidad. Empecé a leer sobre los diferentes valles que conforman Ensenada y tiempo después llevaba pequeños grupos de personas a vivir la experiencia del Valle de Guadalupe. En estos tiempos había muy pocas vinícolas en la zona, los caminos eran de terracería, no había la cantidad de letreros que existe ahora; en tiempos de lluvia se hacía un poco complicado llegar al destino pero al mismo tiempo era parte del encanto equivocarte de camino y sentir alivio cuando por fin podías llegar a tu destino.

Me parecía fascinante platicar a las personas, la historia de las vinícolas que visitaríamos. Como fue que llegaron a Valle de Guadalupe, cada uno con su historia muy particular pero todos compartían un gran amor al oficio y respeto al lugar donde habían decidido instalarse no solamente para tener su negocio si no como una forma de vida. Una vida tranquila, sin prisas, en contacto con la naturaleza, con unos paisajes increíbles que tan solo verlos te dan paz y te hacen respirar profundo. Disfrutando de día el cielo despejado con sus colores brillantes y en las noches disfrutando una copa de vino a la luz de la luna y las estrellas.

Este es el Valle de Guadalupe que conocí, el que me cautivó y del que quise saber más. Este es el Valle de Guadalupe que por mucho tiempo disfruté, el que me gustaba mostrar y compartir a los demás.

Este es el Valle de Guadalupe que recibía visitantes que necesitaban un momento de desconexión, respetuosos de su entorno y al mismo tiempo interesados en la actividad vitivinícola.

Este es el Valle de Guadalupe que no quisiera que se perdiera nunca…

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