La nostalgia de lo que fue…

Hay dias en que es más difícil que fluyan las palabras y echar a andar la pluma o el lápiz… desde hace unos meses he querido compartir unas líneas pero no parecía ser el momento aún de que fluyeran las palabras… esto cambió hace unos días, al parecer la lluvia de hace unos días me inspiró.

Este es uno de esos inviernos en Ensenada que hace mucho tiempo no teníamos, el cual me hizo recordar mis primeros acercamientos, mis días de rutina en Valle de Guadalupe «el valle». Días fríos, de muchas lluvias, caminos llenos de lodo, falta de electricidad, sin señal en el celular, sin internet en la oficina. La vida rural en su máximo esplendor… hace unos días regresó la sensación de aquellos tiempos y me hizo recordar el perfil de la gente que visitaba la vinícola en la que solía trabajar y el valle en general…eran entusiastas del vino. Era muy poco común que llegaran visitantes solo para «tomar la foto» en el lugar bonito, más bien, los que llegaban eran personas que sentían como si acabaran de descubrir un tesoro.

Apreciaban las vistas, las diferentes tonalidades y gama de colores que ofrecen los paisajes, las montañas y al interactuar con ellos nos hacían saber lo privilegiados que éramos y seguimos siendo de vivir en esta zona.

En aquellos tiempos la propuesta gastronómica era reducida. Solo existían algunos cuantos lugares que valían mucho la pena visitar, sin embargo, siendo sinceros, los caminos para llegar daban un poco de miedo. Ni hablar del GPS o los caminos de concreto que ahora conocemos. En aquellos tiempos (hablo de hace 10+ años) era casi lanzarte a la aventura, por el mero placer de descubrir lugares.

Recuerdo aquellos tiempos con la nostalgia de que la esencia de este lugar pudiéramos traerla de vuelta, mantenerla y tenerla siempre presente.

En mi mundo ideal (soy una idealista, soñadora) tenemos visitantes que eligen conocer esta zona por la riqueza de lo que es. Porque vienen a buscar algo que saben no encontrarán en ningún otro lugar, pero además lo entienden, lo cuidan y lo respetan. Saben que no les pertenece y que los recursos son limitados y que en cualquier momento se agotan.

También en mi mundo ideal (les dije que soy una idealista), los que trabajamos aquí, conocemos y cuidamos esta zona, ofrecemos experiencias que más allá del fin comercial aportan conocimiento, siembran una semilla y despiertan el interés por conservar una zona tan privilegiada en la que habitamos. Y bueno, eso existe en mi mundo ideal. Desde mi trinchera, seguiré aportando mi granito de arena, que si bien no es el único, al integrarse con otros tantos granitos de arena cobran fuerza y marcan una gran diferencia; al final de eso se trata ¿no? La suma de muchos esfuerzos es mejor que el trabajo de una sola persona.

Hoy, te comparto a través de estas líneas, mi amor por esta zona vitivinícola con la nostalgia de recordar lo que un día fue y quisiera siga siendo…

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